Para no olvidarlo copo a copo, como nieve de primavera bajo el sol

Deo Juvante

Deo Juvante

Con tanta noticia sobre el estado de salud de Rainiero III de Mónaco, me ha entrado curiosidad por saber algo de este pequeño país. Ya conocía por encima la historia de la familia Grimaldi y sobre como llegó a reinar en Mónaco, pero he buscado más información por ahí.

Mónaco y toda la costa de Ligúria (región de Italia) había sido puesta bajo el protectorado de Génova por Federico I «Barbarroja» en 1162, y fue en 1191 cuando Enrique VI, su hijo, lo cedió definitivamente a Génova como colonia. En 1215 Federico II nieto de Barbarroja, nombró Rey de Mónaco y de las tierras colindantes a Fulco del Castello, un genovés que empezó a construir una fortaleza para defender la ciudad (el actual Palacio del Príncipe). En 1220 y 1241 Federico II ratificó de nuevo la colonia de Mónaco. Así empezó la contínua disputa entre güelfos y gibelinos por Mónaco, ya que este emperador intentaba anexionar Italia a la corona Alemana, y Fulco era un hombre de su confianza.

Escudo de armas de los GrimaldiEn 1269 la familia Grimaldi, una familia noble y adinerada de negociantes y políticos que vivía en Génova, fueron expulsados de la ciudad junto con sus seguidores güelfos, al resultar perdedores en las guerras entre los güelfos, seguidores del Papa, y los gibelinos, fieles al emperador germánico.

Los Grimaldi y sus aliados güelfos huyeron a la región francesa de Provenza, donde esperaron la mejor oportunidad para vengarse de los gibelinos. Esta espera duró casi 30 años y terminó de golpe el 8 de enero de 1297, cuando Francisco Grimaldi conocido como «El Malicioso», consiguió entrar en la fortaleza de Mónaco disfrazado de monje franciscano, y una vez dentro matar a los centinelas y abrir las puertas para dejar el paso libre a sus fieles seguidores güelfos. Mónaco cayó en sus manos, vengando así el exilio sufrido durante tantos años.

Desde esa fecha, y más o menos ininterrumpidamente, los Grimaldi han estado gobernando en Mónaco hasta nuestros días, convirtiéndose en una de las dinastías más longevas de Europa, con más de 700 años de reinado ( en 1997 se celebraron los 700 años del reinado de los Grimaldi con multitud de actos).

Una curiosidad más sobre Mónaco y los Grimaldi, es que el Príncipe Rainiero III, pese a ser el máximo gobernante del país, no es Rey porque Mónaco no es un Reino, sino un Principado (el nombre oficial del país es Principado de Mónaco), y además recibe el tratamiento de Alteza Serenísima, porque es el título que reciben los Príncipes Soberanos.

Ya hace algunos años que Rainiero tiene una salud muy débil, y por eso se ha ido preocupando de dejar las cosas bien atadas antes de su muerte. Una de las últimas cosas que ha dejado listas ha sido la de cambiar ligeramente la consitución en el año 2002. Se hicieron algunos cambios menores, pero quizás el más importante es el del Artículo 10, en el que se habla de la sucesión al trono. Es conocido el rumor de que el príncipe Alberto, el actual sucesor directo al trono es homosexual, y aunque nunca se ha confirmado su homosexualidad, la modificación de ese Artículo 10 parece contemplar esa posibilidad. Y es que a partir del año 2002 los hijos adoptivos entran dentro de la línea de sucesión, es decir, que si el príncipe Alberto adopta un hijo, este pasaría a ser su sucesor directo, por delante de su hermana Carolina.

«Con la ayuda de Dios», eso es lo que significa Deo Juvante y es el lema de Mónaco y de la casa Grimaldi, tal como aparece en su escudo de armas. Nada más cierto, fue con la ayuda de Dios con la que los Grimaldi llegaron a reinar en Mónaco, y quizás por ser descendientes de aquellos güelfos tan devotos y cercanos al Papa, el actual Papa Juan Pablo II, que no pasa por su mejor momento (haciendo un chiste malo podríamos decir que no está muy católico), envió a Rainiero un mensaje con una bendición especial al saber de su grave situación.

No se como será de «especial» esa bendición, pero lo que sí se es que si Rainiero III quiere salir con vida de ésta, necesitará más ayuda de Dios que la que necesitó su antepasado para conquistar la fortaleza de Mónaco.