Para no olvidarlo copo a copo, como nieve de primavera bajo el sol

Viaje a Italia

Viaje a ItaliaHe terminado la primera parte del Viaje a Italia de Johan W. Goethe. Es un libro más o menos autobiográfico, construido a partir de la correspondencia que Goethe mantuvo con sus amigos durante todo el tiempo que duró su viaje por Italia en 1786. Está dividido en dos partes: la primera parte comprende el viaje de ida de Goethe, desde el norte italiano, visitando entre otras las ciudades de Verona, Venecia, Ferrara, Bolonia, Florencia (aunque de pasada!), Roma, Nápoles y de allí a la isla de Sicilia y su vuelta a Roma. La segunda parte, que he dejado para más adelante, comprende su segunda estancia en Roma y el viaje de regreso hacia Alemania.

Goethe abandonó la corte del joven Carlos-Augusto duque de Weimar agobiado por las tareas de su cargo, quizás enfermo de lo que ahora llamaríamos estrés, y para olvidar algún que otro desengaño amoroso. Decidió dejarlo todo y realizar uno de sus mayores deseos, viajar a Italia y reencontrarse con el mundo clásico. Y así lo hizo, con nocturnidad y alevosía, a las 3 de la madrugada del 3 de septiembre de 1786, pocos días después de cumplir los 37 años, abandonó Karlsbad y se embarcó en un viaje que duraría casi dos años, de septiembre de 1786 a abril de 1788.

Goethe fue un hombre al más puro estilo del Renacimiento, dominaba la poesía, la novela, el teatro, la física, la geología, la botánica, la música y cualquier cosa que se le pusiera por delante. Leer sus cartas, anotaciones y reflexiones durante el viaje, se convierte en un recorrido por todos los campos que eran del gusto de Goethe, desde la belleza de una montaña de roca caliza a una escultura de Miguel Ángel, a una planta con flores rojas a la orilla de un río, o a las costumbres de los italianos.

Es tal y tan dispar la cantidad de información y de datos que ofrece Goethe sobre lo que ve y oye durante su viaje, que a veces parecen más las notas de un dominguero cualquiera que las del que está considerado uno de los padres del Romanticismo. Está muy bien escrito, increíblemente bien escrito si tenemos en cuenta que eran cartas que escribía y enviaba en poco tiempo, pero es imposible que a algún lector le interese todo lo que atraía la atención de Goethe.

El libro se hace pesado en algunos capítulos, incluso lento y aburrido, pero aunque uno no pueda disfrutar tanto como Goethe al entrar en un jardín botánico, no deja de ser un libro interesante si has hecho o piensas hacer el mismo recorrido que hizo él hace más de 200 años. Reconocerás los lugares y algunas veces, como me ha pasado a mí, leerás lo que sentiste y no sabías expresar al estar sentado en una de las gradas del teatro grecorromano de Taormina.