Para no olvidarlo copo a copo, como nieve de primavera bajo el sol

Master and Commander

Hemos visto Master and Commander: Al otro lado del mundo, de Peter Weir con Russell Crowe y Paul Bettany del año 2003.

La película está insiprada en los libros escritos por Patrick O’Brian, y tiene como protagonistas a los personajes principales de sus novelas, al capitán Jack Aubrey (Russell Crowe) y al doctor Stephen Maturin (Paul Bettany).

La película toma el título de la primera novela de la serie Aubrey/Maturey: Capitán de mar y guerra (Master and Commander), pero narra principalmente las aventuras de la décima de la colección: La costa más lejana del mundo (The far side of the world), pero con algunas variaciones. Quizás la más importante, o la más curiosa, es que la fragata que persiguen el Surprise y su tripulación, la Acheron, no es una fragata francesa en la novela, sino estadounidense.

Al fin y al cabo es una película americana, y hay que recordar que por aquella época (2003) Francia era enérgica en su intención de no apoyar la guerra contra Irak, y en EEUU algunos patriotas cambiaban el nombre de las french fries (patatas fritas) por freedom fries, así que estaba claro que el malo de turno tenían que ser los franceses.

Master and Commander es la historia de una persecución, la del Surprise intentando dar alcance al Acheron, un barco de las fuerzas francesas que podría declinar la guerra a favor de Napoleón si llegara al Pacífico. La tozudez del capitán Aubrey en enfrentarse al Acheron, aún sabiendo que es un barco mucho más veloz y más armado que el suyo, provocará disturbios y malestar en la nave.

La verdad es que el esquema de la película es muy parecido a Moby Dick de John Huston. Un capitán obsesionado, persecuciones, tormentas, un par o tres de encuentros con la presa (la ballena o el Acheron), días sin viento, mal de ojo, indicios de motín, y episodios que nos enseñan como es la vida a bordo de un barco a principios del siglo XIX. En fin, todo lo que se le puede pedir a una película de aventuras marinas.

Si en Moby Dick los encargados de llevar la película eran Ismael y el capitán Ahab, en esta lo son el capitán Aubrey y el doctor Maturin. Tanto Crowe (aunque no consigo olvidarme de su cara de gladiador) como Bettany aguantan la película con sus excelentes interpretaciones, en especial Bettany, en los momentos en que la acción decae. Y es que si en algo falla la película es en la falta de ritmo, lo que a veces la hace algo lenta. Quizás tenga la culpa ese inicio tan explosivo que te mete directamente en plena batalla a bordo del Surprise, creando demasiadas expectativas que poco a poco se ven defraudadas. Algo más de movimiento no le habría venido nada mal a la película.

De todas formas y aunque para mí no tiene la suficiente acción, las melodías del violín de Aubrey y del violoncelo de Maturin, la fotografía (ganadora de un Oscar), la forma en que recrea la vida a bordo del Surprise, y el olor a mar y pólvora que casi se nota en algunos momentos, me han dejado un buen recuerdo y por eso recomiendo verla. Es una película que seguro gustará a los incondicionales de este tipo de cine, y a todos los lectores de Patrick O’Brian, pero que quizás defraude un poco a los que esperen una trepidante aventura de batallas navales en los Mares del Sur.