Para no olvidarlo copo a copo, como nieve de primavera bajo el sol

Los perros de Riga

He terminado ya Los perros de Riga, el segundo volumen en la colección del inspector de policía Kurt Wallander. No me ha gustado.

En esta segunda entrega Wallander pasa de ser un conseguido inspector de policía de la pequeña ciudad sueca de Ystad, a ser un pésimo intento de espía-agente secreto luchando contra el crimen allí donde haga falta.

El personaje de Kurt Wallander de la primera novela es genial, muy trabajado y atrayente, pero Kurt Wallander como espía y agente secreto deja bastante que desear. Personalmente prefiero al primer Kurt, enfrentándose con delincuentes más o menos familiares para él y con la acción desarrollándose en lugares que conoce a la perfección, que a este Kurt aprendiz de espía, inseguro y lleno de dudas.

El cambio de rol y de ambiente hace que la historia pierda mucho. He echado en falta que se trataran más los temas personales de Kurt. Hay un detalle sobre el personaje de Wallander que no me gusta y que espero que no sea una costumbre en las siguientes novelas, y es que Wallander se tenga que enamorar tontamente de la protagonista femenina en cada una de ellas. Ya lleva dos novelas y dos enamoramientos, y en los dos se ha dado con un canto en los dientes. Prefiero al Kurt Wallander divorciado, con alguna que otra visita nocturna de la mujer negra de la primera novela.

En Los perros de Riga, las incógnitas sobre quién va a ser el asesino y sobre cómo va a acabar la historia asaltan a Wallander, a Mankell y al lector hasta las últimas páginas, creando una sensación de improvisación que sumada al desconcierto de Kurt Wallander al tener que lidiar con sus perseguidores en una ciudad de la que no se conoce ni una calle, en un país que no es el suyo, y en un idioma que no entiende, provocan que el lector esté durante todo el libro casi tan perdido como el mismo protagonista en Riga.

Si la saga de Kurt Wallander ha llegado hasta los nueve títulos, espero que haya sido porque a partir de la siguiente novela de la serie, La leona blanca, Mankell recupera al Wallander original, a ese comisario con sobrepeso, que bebe demasiado, que se lleva a matar con su padre, que casi no conoce a su hija, y que algunas noches recibe a una mujer negra en su cama.